martes, 12 de abril de 2011

Saliendo de Iraq en bici

Sobre tropas que no se van, expertos que no salen nunca del escenario, fuerza aérea que de repente desaparece y una guerra que ya no necesita de justificación alguna
Saliendo de Iraq en bici

Tomdispatch.com

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

La administración Bush invadió Iraq en marzo de 2003 con un ejército de aproximadamente unos 130.000 soldados. Altos funcionarios de la Casa Blanca y del Pentágono, como el Vicesecretario de Defensa Paul Wolfowitz, estaban convencidos de que para el mes de agosto, los oprimidos iraquíes estarían ya recibiendo a esas tropas con los brazos abiertos, que se reducirían hasta los 30.000-40.000 efectivos y que se alojarían en las recién construidas bases militares permanentes, lejos de las zonas urbanas del país. Todo eso iba a formar parte de lo que ahora recibe el nombre de “asociación estratégica” en Oriente Medio.
Casi cinco años y medio después, EEUU tiene aún 130.000 soldados en Iraq. Altos funcionarios de la administración hablan ahora de porcentajes “modestamente acelerados” de retirada de efectivos, si es que todo va viento en popa. Para agosto de 2010, la administración Obama espera tener sólo entre 30.000-50.000 soldados albergados prioritariamente en las megabases alejadas de zonas urbanas, formando parte de una especial asociación estratégica estadounidense-iraquí en la región.
Esto se valora como progreso en Iraq.
Una historia sobre la bicicleta en Iraq
En términos imaginarios, la administración Bush se fue en bicicleta a Iraq. Como si hubieran regresado a su juventud, cuando todo era verde y optimista, sus altos funcionarios adoraban la idea de que estaban enseñando a montar en la bici de la democracia a un ansioso niño iraquí. Al Presidente George W. Bush le gustaba hablar del momento en que podríamos eliminar las “ruedines” de la bici iraquí y dejar que el mocoso montara por sí mismo en el atardecer democrático. Su Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, compartía esa imagen aliada: el difícil momento en que un padre tiene que decidir si quita la mano del sillín de la bici y deja que el chiquillo pedalee solo. “Estás corriendo calle abajo”, como declaró en 2004, “sujetando la parte de atrás del sillín. Y sabes que si quitas la mano podría caerse, por eso sólo quitas un dedo, después dos y, muy pronto, apenas si lo rozas”.
Algunos años más tarde, después de que padre e hijo hubieran practicado alrededor de una de aquellas “esquinas”, resultó que siempre estaban dando vueltas –de camino a los diversos “puntos claves” en la Guerra de Iraq-, y siempre se encontraban ante el “precipicio”. Tras pedirle el presidente a Rumsfeld que dimitiera, éste escribió un memorandum final, el último de sus famosos “copos de nieve” a la Casa Blanca, sobre las “nuevas opciones” en Iraq. En él sugería: “Empezar con retiradas modestas de fuerzas estadounidenses y de la coalición (empezar ‘quitando la mano del sillín de la bicicleta’), de forma que los iraquíes sepan que tienen que ponerse las pilas, esforzarse y asumir la responsabilidad de su país”.
Su mandato podría calificarse como la lección para aprender a montar en bicicleta más larga de la historia y aún seguía pareciendo que los iraquíes no podrían ir sin esa mano en el sillín. Y aunque su presidente le siguió dos años después, su imaginario quedó atrás. El pasado mes de marzo, por ejemplo, el portavoz principal del ejército estadounidense en Iraq, el general de división David G. Perkins, al discutir sobre una posible reducción de tropas estadounidenses, dijo: “En algún momento tendremos que quitar las manos del manillar o sacar los ruedines”.
Y después, hace dos semanas, el Coronel Timothy R. Reese, asesor estadounidense del mando en Bagdad del ejército iraquí, creó un revuelo en la primera página del New York Times al filtrarse un memorandum que había escrito. De forma claramente imaginista empezaba de esta manera: “Como el viejo refrán indica: ‘Los huéspedes, como el pescado, empiezan a oler mal después de tres días’. Desde la firma del Acuerdo de Seguridad de 2009, somos huéspedes de Iraq y, después de seis años allí, para el olfato iraquí olemos ya mal”.
Aunque el objetivo oficial de la era Obama en relación a la fecha de la retirada estadounidense sigue fijada a finales de 2011 (al igual que en los últimos meses de la etapa Bush), Reese urgía a fijar un calendario urgente para que todas las tropas estadounidenses estuvieran fuera en agosto de 2010, momento en el que, según los planes actuales, sólo deberían quedar pendientes de traslado las “brigadas de combate estadounidenses”. Resucitando una sugerencia de la era-Vietnam del Senador republicano por Vermont George Aiken (ignorada entonces, al igual que la de ahora), titulaba su memorandum: “Ya es hora de que EEUU declare la victoria y se vaya a casa”.
Y en él, en medio de una valoración por lo general mordaz de las deficiencias del ejército iraquí (y del gobierno iraquí), nos topamos de nuevo con la bicicleta:
    “El SA [siglas en inglés del Acuerdo de Seguridad firmado entre EEUU e Iraq en la época Bush] traza una serie de pasos graduales para la retirada del ejército, de forma parecida a cómo un padre enseña a su niño a ir en bici sin tener que sujetarle… Tenemos ahora un gobierno iraquí que ha mejorado en equilibrio y piensa que sabe cómo manejar la bici en la carrera. Y en realidad probablemente saben cómo pedalear, lo suficiente al menos para ir por la carretera en la que están contra sus actuales competidores. Nuestra mano en la parte posterior del sillín está sirviendo para retrasarles y crear resentimiento. Tenemos que irnos antes de que nos caigamos todos al suelo”.
Resulta evidente. Bajo la presión de la guerra, no parece que la gente pueda tener capacidad para cambiar. El niño iraquí con los ruedines es ahora, según Reese, lo suficientemente mayor como para participar en la actual carrera de bicicletas.
Sin embargo, sigue sin definirse quién saldrá exactamente en bici de Iraq bajo el plan de retirada de Obama. Después de todo, al final de su memorandum, el llamamiento más urgente a la retirada de Iraq surge de los niveles más altos del ejército estadounidense, el Coronel Reese ofrece su versión de una retirada estadounidense a escala total. “Durante el período de retirada”, escribe, “el gobierno de Estados Unidos y el gobierno de Iraq deberían desarrollar un nuevo acuerdo-marco estratégico que debería incluir algún tipo de presencia militar duradera en 1-3 de las grandes bases de entrenamiento, bases aéreas o emplazamientos de cuarteles clave. Pero no debería incluir la presencia de ninguna fuerza de combate excepto por necesidades de protección o ejercicios ocasionales”.
Tengan en mente que su propuesta ha sido rechazada por todo el mundo, con raras excepciones, dentro y fuera del alto mando militar y en Washington.
Es decir, incluso el más radical ciclista estadounidense del momento nos imagina en Iraq, a estas alturas, para siempre jamás.
Una historia de expertos en Iraq
Hubo una vez en que el campo de juego, el estadio, así como las pruebas deportivas, se comparaban con la guerra, incluso se consideraban como una preparación adecuada para la actual batalla. Pero eso ha cambiado desde la Primera Guerra del Golfo. Ahora, la guerra –o al menos la cobertura que de ella se hace- se basa en el deporte.
Como si, antes o después, los jugadores más tranquilos y los entrenadores más inteligentes dejaran el “campo de batalla” en dirección a las tribunas de prensa y a las cámaras de TV para hacer los comentarios previos al partido, durante el partido y después del partido; por eso, los comandantes de la última guerra dejan ahora el campo de batalla hacia la cabina de televisión, ofreciéndonos su experiencia sobre la próxima guerra. Al igual que el ex entrenador de los Houston Rockets, Jeff Van Gundy, tuvo que discutir las decisiones de su hermano Stan, entrenador de los Orlando Magic, en los comentarios de la eliminatoria de la liga de fútbol, de la misma forma, los comandantes de nuestras anteriores guerras informan sobre las próximas guerras y sus comandantes, posiblemente hasta de los oficiales que una vez estuvieron bajo su propio mando.
Nosotros vivimos ahora con la versión de la guerra de la liga de fútbol, incluyendo las repeticiones a cámara lenta y los logos, los gráficos interactivos y los fabulosos diseños gráficos del mundo deportivo. Una vez ungidos como expertos, nuestros John Maddens de la guerra, al igual que sus homólogos deportivos, no se irán nunca. Volviendo, por ejemplo, a abril de 2008, el periodista del New York Time David Bartow escribió una revelación en primera plana centrada en los muchos oficiales retirados del ejército que habían sido contratados como asesores de los medios para la Guerra de Iraq. Como grupo componían, sugería, una “especie de caballo de Troya de los medios”, porque la mayoría marcaba el paso de una cuidadosamente organizada campaña del Pentágono de desinformación sobre la guerra. Además, la mayoría de ellos tenían vínculos, no conocidos, con “contratistas del ejército con intereses creados en las mismas políticas bélicas sobre las que se les pide asesoramiento”.
El artículo de Barstow concluía:
    “Para la gente, esos hombres son miembros de una fraternidad familiar, han sido presentados decenas de miles de veces en televisión y radio como ‘analistas militares’ cuyos largos servicios les han capacitado para ofrecer juicios autorizados sin cortarse ni un pelo sobre las cuestiones más apremiantes del mundo posterior al 11-S. Pero, escondido tras esa apariencia de objetividad, hay un aparato de información del Pentágono que ha utilizado a esos analistas en una campaña para generar una cobertura de las noticias favorable a las actuaciones bélicas de la administración”.
Barstow daba nombres y establecía conexiones. Esos nombres incluían, por ejemplo, al general retirado de la Fuerza Aérea y alto analista militar de Fox News Thomas G. McInerney, al general retirado del Ejército y analista militar para NBC/MSNBC Montgomery Meigs, al general retirado del Ejército y analista militar para NBC/MSNBC Barry R. McCaffrey, y al coronel retirado de la Marina y analista militar de Fox News William V. Cowan. Tras producirse la revelación, parece que se acabaron sus tareas en los medios.
Algunos de los medios escritos se han adherido de forma similar al principio de en una ocasión experto, para siempre experto [*]. Por ejemplo, en el quinto aniversario de la desastrosa invasión de Iraq, el New York Times decidió pedir a un espectro de “expertos en asuntos exteriores y militares” que recordaran ese fiasco y para ello reunió a los sospechosos habituales. De los nueve expertos propuestos, seis estaban intimamente implicados en esa catástrofe, bien como defensores a capa y espada de la invasión o bien como instigadores de la misma o como facilitadores de la ocupación que siguió: Kenneth Pollack, Danielle Pletka y Frederick Kagan (todos entusiastas), Richard Perle (alias “el príncipe de la oscuridad”), L. Paul Bremer (el primer virrey de la administración en Bagdad) y el General Paul D. Eaton (que entrenó a las tropas iraquíes en los primeros años de la ocupación).
Entre los notorios ausentes, no había nadie que no se hubiera opuesto en serio a la invasión. La más próxima fue Anne-Marie Slaughter, una “halcón liberal” que escribió el 18 de marzo de 2003 un contrapunto en el New York Times, dos días antes de que empezara la invasión, titulado: “Good Reasons for Going Around the U.N.”. [**]
Un año después del artículo de Barstow, el Times lanzaba de nuevo lo que sin duda fue una impresionante búsqueda de expertos para valorar la sugerencia del Coronel Reese de que quitemos la mano de la bici iraquí, apareciendo con una pandilla típica de siete de ellos:
Uno, el Teniente Coronel retirado John Nagl, presidente del Center for a New American Security, y uno de los asesores del General David Petraeus, ex alto comandante estadounidense en Iraq, ahora comandante del CENTCOM encargado de supervisar las guerras en Iraq y Afganistán. Dos, Stephen Biddle, experto en política de defensa en el Consejo de Relaciones Exteriores, también asesor de Petraeus y más recientemente del “equipo” que asesoraba al General Stanley A. McChrystal, el alto comandante de EEUU en Afganistán bajo Petraeus, en su reciente revisión de la estrategia de la guerra afgana. Tres, Anthony Cordesman, de la Cátedra de Estrategia Arleigh A. Burke en el Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos, también estaba en el mismo equipo de McChrystal. Cuatro, Thomas Ricks, antiguo reportero militar del Washington Post y ahora alto consejero en el Centro Nagl, autor del bestseller “The Gamble”, un muy elogioso relato del papel de Petraeus en Iraq en el que el Nagl es, por supuesto, una cifra. (A propósito, Ricks, ha dejado muy claro que cree que estaremos en ese país en los años venideros). Cinco, Kori Schake, actualmente en la Institución Hoover, fue consejero de seguridad nacional para temas de defensa del Presidente George W. Bush. Seis, Jonathan Morgenstein, asesor de política de seguridad en Third Way, otro think tank de Washington, que ha regresado muy recientemente de Iraq donde “era asesor del equipo militar de transición del ejército iraquí”.
No es sorprendente que todos estos seis expertos, sin el más modesto reparo, desecharan sin más la sugerencia de Reese (“La senda del progreso en Iraq será lenta pero no podemos quitar las manos y largarnos…”), admitiendo que no iba en interés de nadie acelerar la salida de EEUU. Sólo un séptimo experto, el escritor y coronel retirado Douglas Macgregor estuvo de acuerdo con Reese.
Consideren eso una pequeña historia de la pericia y experiencia en nuestras recientes guerras. Hay un corolario. Si no te han ungido como experto, es probable que no lo seas nunca. Entre los que están automáticamente descalificados como expertos sobre Iraq: precisamente todo aquel que hubiera rechazado la idea de invadir Iraq o predicho cualquier versión de la catástrofe que siguió antes de que sucediera. Sobre todo está descalificado cualquiera de los antibelicistas que tomaron las calles de las ciudades estadounidenses en cientos de miles antes de la invasión portando pancartas caseras en las que manifestaban su ignorancia. Obviamente, no tenían ni idea de nada. Su misma postura indicaba una predisposición que evidentemente les descalificaba en el acto.
Alguien –que no puedo recordar- señaló una vez que dentro de cualquier administración puedes permitirte ser halcón y equivocarte pero no ser paloma y tener razón. En lo que se refiere a los comentaristas de guerra de TV, parece que eso puede también aplicarse.
Desde luego que podemos imaginar un equivalente en contra de la guerra a esos analistas y generales. Entre las filas del último movimiento contra la guerra (todos aún activos anti-guerreros), se podría por ejemplo elegir a Tom Hayden, Daniel Ellsberg y Howard Zinn para que ofrecieran sus comentarios sobre nuestras actuales guerras. Sólo Vds. saben, tan bien como yo, que esa fantasía nunca podrá convertirse en realidad en los medios. En el mundo de expertos en el que nos movemos, eso es impensable.
Una historia sobre la fuerza aérea iraquí
Recientemente, mientras el Secretario de Defensa Robert Gates visitaba Iraq, el alto comandante estadounidense en ese país, el General Ray Odierno, señalaba que los iraquíes no podrían defender su propio espacio aéreo en un futuro próximo. Esencialmente porque no tienen fuerza aérea, es decir, en este momento tienen helicópteros, tranportadores C-130 y algún entrenador Cesna más pequeño y similares, pero no aviones de combate. A pesar del hecho de que se está enviando a toda prisa a Bagdad a un “equipo de asesores” para buscar “algunas soluciones creativas” al problema, está claro que la fuerza aérea iraquí seguirá siendo la fuerza aérea estadounidense durante algún tiempo (lo que indudablemente incluye también el control de la base aérea gigante estadounidense construida en Balad).
Los iraquíes quieren ahora los F-16 estadounidenses. Por desgracia, según la periodista del New York Times  Elisabeh Bumiller, el General Odierno puso de manifiesto una triste verdad: “Sería imposible construirlos y entregarlos para finales de 2011, incluso aunque los iraquíes pudieran permitiérselos”. Y no olviden esto: ¡Iraq no tiene pilotos entrenados para poder volar en ellos! Uf… ¡cuánto trabajo en el horizonte para la USAF [siglas en inglés de Fuerzas Aéreas estadounidense]!
Por fortuna, Aviation Week informaba en abril que los iraquíes tienen un plan para superar el problema. Se trata de un “plan de mejora en tres fases durante once años” que hará que su fuerza aérea evolucione desde los T-6 de entrenamiento a unas cuantas docenas de F-16 “a mediados de la próxima década” (en el caso de que se pregunten hasta cuándo es probable que la USAF se esté ocupando de todo).
Así pues, ahí está la verdadera tragedia de nuestra realidad. Nosotros queremos irnos de Iraq. Quizá no con tanta rapidez como le gustaría el Coronel Reese, pero queremos irnos. El Presidente Obama lo ha dejado claro. Por desgracia, es que son los iraquíes los que no nos dejan. ¡Imaginen! Hasta hace poco ni siquiera pensaban en fuerzas aéreas, y qué sería de un país en Oriente Medio si, como Bumiller apunta, “no puede interceptar en modo alguno a ningún avión que invada su espacio aéreo”.
La cuestión de quién podría invadir el espacio aéreo iraquí sigue siendo objeto de especulación: ¿Los israelíes de camino a bombardear Irán? (No es probable que la USAF empezara a echar abajo a esos aviones) ¿Los iraníes de camino a bombardear…? Bien, ¿a quién? Después de todo, el actual gobierno en Iraq es esencialmente un aliado de Irán. ¿Los turcos? No, si lo piensas bien, no puede ser. Sus planes se limitaron a invadir el espacio aéreo de Iraq durante un momento para atar a los rebeldes kurdos y la USAF tampoco se puso exactamente a dispararles.
Ya que resulta tan fácil borrar el pasado, sólo por un momento recordemos la historia de la fuerza aérea iraquí. Ahora que Iraq no tiene fuerza aérea alguna, ¿quién recuerda que el Iraq de Saddam Hussein tuvo una vez una muy grande y activa? Hasta 950 aviones en la década de 1980. En 1990, según la página de Internet GlobalSecurity.org, tenía aún la sexta fuerza aérea mayor del mundo y un montón de buenos pilotos para dirigirla. Durante la Primera Guerra del Golfo, casi la mitad de esa fuerza aérea escapó al vecino Irán (en el que, durante los años ochenta, los aviones iraquíes habían arrojado gran parte de su carga de bombas e incluso gas venenoso), y nunca volvieron. De la relativamente pequeña fuerza que quedó, gran parte fue destruida en la Primera Guerra del Golfo y parte del resto, a las órdenes de Saddam, quedó enterrada en el desierto cuando empezó la invasión de 2003.
Aunque la historia que realmente se ha olvidado es incluso más reciente. En dos palabras, los iraquíes no tienen fuerza aérea porque Washington no quiere. Se ha prestado mucha atención a la falta de planificación de la ocupación de Iraq, pero muy poca a lo que sí se planeó. Empecemos con el hecho de que, en mayo de 2003, la Autoridad Provisional de la Coalición de L. Paul Bremer, en un estallido de ciega soberbia desmanteló al ejército iraquí. Los planes del Pentágono para reconstruirlo se referían a un futuro ejército (ligero) iraquí de patrulla de fronteras de quizá unos 40.000 hombres, con un armamento mínimo, y ¡ni hablar de fuerza aérea alguna!.
En Oriente Medio, esto sólo podía tener un significado: que desde una serie de megabases construidas ya sobre las mesas de dibujo del Pentágono cuando las tropas estadounidenses cruzaban la frontera kuwaití en 2003, el ejército y la fuerza aérea de EEUU ocuparían su lugar como ejército iraquí real por eones que vinieran. Bajo la presión de una feroz insurgencia sunní, parte de ese plan se vino pronto abajo. Pero “poner en pie” el ejército iraquí –“en cuanto los iraquíes puedan defenderse, nosotros nos retiramos”, era el mantra continuo del Presidente Bush- ha significado tan sólo eso: dos pies sobre el suelo.
Hasta hace relativamente muy poco, a los iraquíes no se les permitía tomar los cielos a nivel funcional. Ahora, la carencia de esa fuerza aérea pasará seguramente como excusa a las primeras planas de por qué cualquier “retirada” estadounidense tiene que tener una serie de reservas y requisitos, y si nuestra retirada no es una retirada de verdad, la culpa es suya.
Una historia de devastación en Iraq
Hasta que EEUU llegó a Bagdad, las cosas es que estaban muy mal. Estaba Saddam Hussein, el megalómano dictador –el de los enormes palacios tipo Disney y las gigantescas manos esculpidas-, con sus prisiones secretas, cámaras de tortura y helicópteros de combate. También había sanciones internacionales estrangulando el país. Había fosas comunes en el norte y en el sur. Había una industria petrolífera que se sostenía con cinta de cello e ingenuidad. Había un desorden bastante espantoso.
Todo eso ocurría antes de la invasión para “liberar” el país. Desde entonces, cientos de miles, posiblemente un millón o más, de iraquíes han muerto (dependiendo de los estudios y de las cifras que uno se crea). Los campos de la muerte de Saddam se han quedado enanos comparados con la serie feroz de destructivas operaciones militares de EEUU, así como las de las insurgencias-guerras civiles-actos terroristas; las principales ciudades han sido total o parcialmente destruidas o étnicamente limpiadas; millones de iraquíes han sido obligados a huir de sus hogares, convirtiéndose en refugiados internos o marchándose al exilio; un incalculable número de iraquíes han sido encarcelados, asesinados, torturados y sometidos a abusos; y todo el patrimonio cultural del país ha sido saqueado. Los servicios básicos –electricidad, agua, alimento- han sido terriblemente dañados y la economía, en el proceso de privatización emprendido por los supervisores de la ocupación, ha sido sencillamente destrozada. Los servicios sanitarios están heridos de muerte. La producción petrolífera, de la que Iraq obtiene ahora hasta el 90% de su financiación gubernamental, apenas ha superado recientemente los peores niveles de la era Saddam.
Es decir, resumiendo, Iraq ha sido DEVASTADO. La invasión estadounidense y la subsiguiente ocupación han actuado como torbellinos de destrucción, deshaciendo una tierra ya repleta de problemas y potenciales rencores.
Lo que el hombre empieza, lo terminan los dioses. Ese refrán habría que inventarlo si no existiera ya, porque la catástrofe creada por EEUU parece estar ahora metamorfoseándose en un desastre natural también sin parangón. En lo que una vez fue el granero de la civilizqación, la agricultura iraquí, ignorada por los ocupantes, está agostándose y el país se va desertificando a velocidades aterradoras bajo el peso de una sequía que dura ya varios años.
Es tan feroz ese proceso que, según Liz Sly, de Los Angeles Times, que ha escrito un relato apocalíptico de la situación, el país recogió en 2008 sólo el 20% de la cantidad de lluvia habitual, y en lo que va de 2009 tan sólo la mitad de lo normal. Los ríos se secan, los pozos desaparecen y los desesperados campesinos iraquíes desertan de la tierra camino de la ciudad (donde las tasas de paro siguen siendo altísimas). Por todas partes se amontona el polvo, en espera de los vientos que crean monstruosas tormentas de arena que transportan la preciosa tierra de Iraq hasta los frágiles pulmones de los iraquíes urbanos. “En estos momentos”, escribe Sly, “el Ministerio de Agricultura estima que el 90% de la tierra iraquí es desierto o está sufriendo una grave desertificación, y que la poca tierra arable que queda se está erosionando a un ritmo del 5% anual”.
En espera de la peor cosecha en una década y con la del trigo alcanzando el 40% del volumen habitual, el gobierno se ha visto obligado a comprar enormes cantidades de grano en el extranjero en unos momentos en que los precios del petróleo se han precipitado desde las alturas de 2008, dejándole con la menor disponibilidad de dinero. Sin embargo, con todo lo manoseada que ha sido la imagen, no cabe sino decir que la administración Bush creó la tormenta perfecta en Iraq, una versión de “misión cumplida” del infierno sobre la Tierra. Y es debido a esa situación tan desesperada de Iraq por lo que, por supuesto, nosotros, como protectores de su fragil “estabilidad”, no podemos irnos.
Una historia de justificaciones
Cuando invadimos Iraq, se ofrecieron toda una serie de justificaciones. Que si había que liberar al mundo del más nefasto de los dictadores. Que si había que limpiar el mundo de sus campos de exterminio (¡Nunca más!). Que si el 11-S y su “apoyo al terrorismo”. (Altos funcionarios de la administración Bush estuvieron mucho tiempo proclamando que había vínculos entre Saddam y Al Qaida, a pesar de las convincentes pruebas en sentido contrario). Que si había que liberar a los chiíes y poner fin a lo que Wolfowitz denominó “trato criminal al pueblo iraquí”. Que si había que restablecer la versión estadounidense del orden en la región. Que si todas aquellas armas de destrucción masiva que el dictador había supuestamente escondido como una urraca, tan intensamente puestas de relieve aunque no existieran, así como su (también inexistente) programa para hacerse con armas nucleares. (Como Wolfowitz declaró en mayo de 2003: “La verdad es que, por razones que tienen mucho que ver con la burocracia del gobierno estadounidense, nos decidimos por una cuestión en la que todo el mundo pudiera estar de acuerdo: las armas de destrucción masiva como razón fundamental…”).
Más tarde, cuando las cosas fueron dando un giro a peor y se necesitó de otras razones, se sacaron de la chistera la difusión de la democracia (un gran principio rector al que la administración Bush llegó bastante tarde en Iraq y sólo bajo presiones del Gran Ayatollah Ali Sistani). Incluso aún más tarde, cuando las cosas ya no podían ir peor, se les ocurrió la idea que era mucho mejor combatir allí que aquí a los terroristas. Y, por supuesto, como al presidente le gustaba confiar a los dirigentes extranjeros, era el MISMO DIOS quién le ordenaba que acabara con Saddam y así desbaratar los planes de los enemigos del pueblo de Dios.
Por supuesto, entre los cognoscenti había otras expectativas y justificaciones, recogidas mejor en la gracieta neocon de 2003: “Todo el mundo quiere ir a Bagdad. Los hombres de verdad quieren ir a Teherán”. Después de todo, los neocon de dentro y de alrededor de la administración Bush realmente creían que una Pax Americana, en lo que les gustaba denominar como “el Gran Oriente Medio”, estaba al alcance de la operación Conmoción y Pavor, y hasta es posible que una versión global de la misma. En cuanto al petróleo –al que el Presidente Bush se refería, en las escasas ocasiones en que lo mencionó, como el “patrimonio” iraquí-, ni pío fue la palabra, aunque ese país tuviera las terceras más grandes reservas petrolíferas del mundo y estuviera estratégicamente asentado en el corazón del centro energético del planeta.
Ahora, con esos 130.000 soldados aún allí, por no hablar de los escuadrones de pistoleros de alquiler y contratistas privados, con esa embajada llena hasta reventar del tamaño del Vaticano construida para 1.000 “diplomáticos”, con todas esas series de inmensas bases (a las que el Pentágono solía denominar, de forma encantadora, “campamentos duraderos”) todavía bien ocupadas, con cifras importantes de iraquíes y cifras pequeñas de estadounidenses muriendo cada mes, con millones de iraquíes que siguen errantes a nivel interno o convertidos en refugiados externos, con la tierra devastada, con los servicios básicos apenas restaurados, con las tensiones étnicas ardiendo, con un gobierno calladamente aliado de Irán colocado en Bagad y respaldado por un ejército de 250.000 hombres, con una retirada estadounidense que oficialmente va a llevar años, haciendo que la misma “retirada” se convierta en una cuestión u otra según se la defina, nadie se molesta siquiera en ofrecer la más mínima justificación para permanecer en Iraq. Después de todo, ¿por qué van a ser necesarias las explicaciones cuando nos estamos preparando para irnos?
Si no me creen, vayan hoy en búsqueda de una explicación oficial. ¿Por qué estamos en Iraq? Pues… porque estamos allí. Porque los iraquíes nos necesitan. Porque algo terrible sucedería si nos vamos de forma precipitada. Así pues, que todavía seguimos ocupando Iraq y que nadie pregunte por qué.
Una historia de la retirada de Iraq
No hay ninguna historia de retirada alguna de Iraq.
[Una historia de imitación, o una Nota para que sigan leyendo: Dicen que la imitación, quien quiera que sea el que la haga, es la forma más sincera de halago. Consideren este artículo, pues, como una forma de halago, si no exactamente una imitación del estilo de ese periodista/historiador/narrador por excelencia que es Eduardo Galeano. Nadie, después de todo, podría imitar realmente su característico estilo, y yo menos que nadie. Pero la forma de este escrito se ha inspirado al menos en la más reciente de las obras maestras de Galeano: “Espejos, una historia casi universal”. Una historia del mundo en tan sólo 365 páginas y cientos de pequeñas viñetas que nos dejan sin aliento. Considero que el universo tiene el deber de leerlo.]
N. de la T.:
[*] O, como se dice por aquí: “Por un perro que maté, mataperros me llamaron”
[**] Podría traducirse por: “Buenas razones para tener en cuenta a las Naciones Unidas”.
Enlace con texto original:
http://www.tomdispatch.com/post/175106/withdrawing_by_bike_from_iraq
Extraído de aquí

El móvil de la guerra

Las verdaderas razones para la guerra del títere Zapatero
Repsol se juega 30.000 millones de euros en el petróleo de Gadafi

Expansión

La relación comercial con el país africano se centra en el crudo. Repsol, que tiene el 5% de sus reservas allí, y Sacyr son los grupos con mayores intereses.

Libia no se encuentra entre los grandes socios comerciales de España en el mundo, pero sí es uno de sus mayores proveedores de crudo. Los campos de petróleo de Gadafi proporcionaban, antes de que estallara el conflicto, el 12,7% de las necesidades de crudo de las refinerías españolas. En total, España se gasta más de 29.000 millones de euros anuales en traer de Libia el oro negro, lo que representa el 95% del total de importaciones desde el país árabe.
La venta de productos y servicios españoles a ese mercado apenas alcanza los 2.441 millones (desde vehículos fabricados en plantas españolas de coches a aceites y aparatos eléctricos).
La especial relación energética de España con Libia tiene su reflejo en la presencia de empresas nacionales en ese territorio, que se reduce, casi exclusivamente, a Repsol. Junto a la petrolera sólo existen en ese mercado algunos proyectos de empresas constructoras españolas, como Sacyr.
Campos
Repsol es la segunda compañía europea con más intereses en el país tras la italiana ENI. Antes de que el conflicto obligara a paralizar todos los campos de petróleo, la compañía presidida por Antonio Brufau extraía diariamente 34.777 barriles de crudo, que representan el 3,8% de su producción total.
En reservas, Libia es un importante bastión para el grupo español. Allí tiene 115 millones de barriles, un 5% de todas las reservas del grupo. Repsol tiene más petróleo en Brasil, Argentina y Venezuela.
El conflicto libio puede perjudicar directamente la producción de la petrolera, pero, al mismo tiempo, la escalada del precio del crudo por el conflicto le beneficia porque supone más margen de beneficio.
Repsol cuenta con derechos mineros sobre nueve bloques, ocho de exploración y uno de producción, que suman una superficie de 20.709 kilómetros cuadrados. La empresa, que no facilita datos de su inversión en esa región, ha señalado que esta crisis no afecta a sus suministros de petróleo.
Otros gigantes petrolíferos como BP, Shell, Gazprom, Total, OMV o Statoil, también tienen pozos en el país africanos, el primer productor de crudo de este continente.
Tres contratos
Sacyr está presente en Libia desde finales de 2007, cuando constituyó una sociedad mixta participada también por la Lybian Company for Development and Investment, organismo dependiente del Gobierno libio.
A través de dicha sociedad, la empresa presidida por Luis del Rivero se adjudicó en 2008 tres contratos para ejecutar obras de urbanización en El Beida y Bengasi por unos 600 millones de euros.
Todo este proyecto se encuentra paralizado desde que se iniciaron las revueltas, según explicó Sacyr. Completa la escasa presencia española en Libia la constructora Bruesa, que edifica un complejo universitario en Anoakat Alkhams, también suspendido.
De Aresbank a un oasis en Málaga
Libia ha destinado las ingentes cantidades de dinero que recibe de Europa por la venta de su petróleo en invertir en numerosas empresas occidentales. España no es ajena a este flujo de petrodólares. Gadafi y las empresas estatales libias controlan el banco Aresbank, la red de estaciones de servicio Tamoil y varias propiedades inmobiliarias, entre ellas casas de lujo. Su principal joya es la finca La Resinera, ubicada en Málaga, donde planeaba edificar un megacomplejo turístico.
Todos estos bienes (con excepción de Tamoil) están intervenidos como parte del acuerdo de los gobiernos de la UE para congelar las propiedades de Gadafi y evitar que las use para financiar la guerra. El Banco de España, por ejemplo, ha tomado las riendas de Aresbank.
El Gobierno español también ha intervenido las cuentas bancarias de Gadafi y otros 25 de miembros de su familia, entre ellos, su hijo Khamis Muammar, que estudiaba un Máster en el Instituto de Empresa. España, sin embargo, no es el primer destino del dinero libio.
En Italia, la antigua colonia, Gadafi participa en Unicredit, en la firma aeroespacial Finmeccanica, y ENI, además de en el equipo de fútbol Juventus de Turín. Además, posee participaciones en otras empresas europeas, como el grupo Pearson, propietario de ‘Financial Times’.
Fuente: http://www.expansion.com/2011/03/20/economia/1300660505.html?a=1efa1d562335c0069663e93d971365ea&t=1300771967
 extraído de aquí
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http://www.lanacion.com.ar/1092397-polemica-entre-repsol-y-libia-por-una-posible-nacionalizacion-de-las-empresas-petroleras

Polémica entre Repsol y Libia por una posible nacionalización de las empresas petroleras

El líder libio Muammar Gaddafi dijo ayer en una conferencia vía satélite con estudiantes de la universidad Georgetown que estaba estudiando esa decisión; la firma española dijo que no ve la medida como real

Jueves 22 de enero de 2009


http://www.repsol.com/es_es/corporacion/prensa/notas-de-prensa/ultimas-notas/libia_I.aspx

Se trata del primero de la compañía en aguas (offshore) de Libia

Repsol realiza un nuevo descubrimiento en Libia

  • Es el primer descubrimiento en el  bloque “offshore” NC202.
  • Refuerza su posición como primera petrolera privada en Libia.
  • Repsol opera el consorcio descubridor con un 60% de participación.
  • Confirma el éxito de la campaña exploratoria de Repsol en el mundo en 2009.
Nota de Prensa
21 de abril de 2009 
Repsol ha realizado su primer descubrimiento “offshore” de hidrocarburos en la costa de Libia, país en el que en el que es el mayor operador extranjero y en el que la compañía tiene una importante presencia.

http://www.repsol.com/es_es/corporacion/conocer-repsol/presencia-global/libia.aspx

LIBIA

Repsol Exploración Murzuq, S.A.
That Al-Imad Tower Complex
Tower 3, Floor 8
Trípoli, LIBIA
Teléfono: +218 (21) 335 03 80 /82
EXPLORACIÓN Y PRODUCCIÓN
  • Repsol cuenta con derechos mineros sobre 10 bloques
  • 9 bloques onshore y 1 en la cuenca offshore de Sirte
  • 8 bloques son de exploración con una superficie de 20.718 km
  • 2 bloques son de producción con una superficie de 1.566km2 
  • La producción neta del año 2010 fue de 14,7 Mbbl de petróleo (40.250 bbld)
  • La compañía está presente en Libia desde los años 70

     
   

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http://www.elpais.com/articulo/economia/Repsol/suspende/actividad/Libia/elpepueco/20110222elpepueco_8/Tes

Repsol suspende la actividad en Libia

Repsol es la empresa española con más presencia el país árabe.- Los flujos de inversión española en el periodo 2006-2009 fueron de 38,03 millones de euros

MARTA GARIJO - Madrid - 22/02/2011

En el segundo día de protestas contra el régimen de Gadafi en Libia, la crisis que se vive en el país ha hecho que Repsol suspenda sus operaciones en el país. Ante la situación de violencia, la compañía ha decidido parar de forma temporal su actividad en un territorio que representa para la compañía el 3,8% de su producción total anual. La petrolera contaba con aproximadamente una veintena de trabajadores españoles trabajando allí.


http://www.expansion.com/2011/02/23/empresas/energia/1298423023.html?a=30ec6746d83f5066f9befce9c278c640&t=1302606717



Libia deberá indemnizar a Repsol, que deja de producir 35.000 barriles al día

23.02.2011

El acuerdo de inversión entre los gobiernos de Zapatero y Gadafi obliga a compensar a quien sufra pérdidas por un conflicto o revuelta. La petrolera y Sacyr evacuan a todos sus trabajadores.
El presidente de Repsol, Antonio Brufau (derecha), junto a Gaddafi en una visita a España. | Efe El presidente de Repsol, Antonio Brufau (derecha), junto a Gaddafi en una visita a España. | Efe
Las dos mayores empresas españolas que operan en Libia, Repsol y Sacyr, han abandonado su actividad en el país y han comenzado a repatriar a sus trabajadores. La primera ha suspendido, “de momento”, la extracción de los 34.777 barriles diarios de crudo que produce en suelo libio, el 3,8% de su producción total. Y la constructora ha parado sus trabajos de urbanización en El Beida y Bengasi (obras que se adjudicó en 2008, por un importe aproximado de 600 millones de euros).
Al cierre de esta edición, Repsol proseguía con la evacuación de sus trabajadores y los familiares de éstos, según fuentes del sector. En la tarde de ayer envió a la capital, Trípoli, un avión en el que serán repatriados unos 40 españoles, la mayoría de ellos trabajadores de esta multinacional.

 

 

Mercenarios (españoles) en Libia

Resulta que si que hay mercenarios en Libia, pero están con los rebeldes. Que cosas.


Mercenarios españoles combaten en Libia junto a los rebeldes



Desde hace al menos una semana, un nutrido grupo de contratistas de la empresa Gibraltareña compuesta por Españoles SGSI Group se encuentra luchando en Libia contra las tropas gubernamentales de el Coronel Gadafi. Al parecer, estos se habrían desplazado desde Malta, para recuperar y poner a salvo a uno grupo de técnicos expatriados de una conocida compañía petrolífera. Tras de lo cual y habiendo llegado a un acuerdo con los jefes del mando rebelde se habrían comprometido con este gobierno en ayudarles a formar pelotones para actuar contra los carros de combate y las tropas estatales. Parece ser que han logrado desplazar material militar para abastecer a su equipo y a los rebeldes a los que entrenan desde su base en Cesaréa Israel.
El propietario de la empresa Víctor González, es un viejo conocido de el General Israel Viz, a cuyo servicio ya habría servido en el pasado. Israel Viz es un militar israelí retirado que se ha estado dedicando entre otras cosas a formar para SGSI Group a personal de inteligencia en Guinea ecuatorial. Mientras que Israel Viz habría estado coordinado a Mercenarios en Libia que ahora están cumpliendo funciones de francotiradores, Víctor González habría aceptado cumplir con la misión de eliminar a los mismos con sus propios francotiradores. De este modo si Gadafi gana Israel Viz seguirá trabajando para su régimen, haciendo ver los logros, de sus mercenarios. Y si Gadafi pierde, haría púbico el acuerdo llegado con el SGSI, por lo que aún podría demostrar que sus lealtades estaban con los rebeldes y con la coalición. Un claro ejemplo más de lo prácticos que pueden llegar a ser los israelíes en las contiendas actuales, siempre sacando partido.
Esta misión de eliminación de objetivos, habría empezado en Bengazi, y se estaría desarrollando ahora mismo en Misurata. Según fuentes rebeldes al menos ocho francotiradores habrían sido eliminados solo durante el primer día en Bengazi. La empresa SGSI lleva mas de diez años asesorando en cuestiones de seguridad al gobierno de Guinea Ecuatorial al que dicen ha montado su propio servicio de inteligencia. Se dice que ante una llamada del entonces gobierno de José María Aznar, pidiéndole su colaboración antes del intento de golpe del 2004, el propietario de la empresa, habría llamado él mismo a un contacto del gobierno Angoleño para que pusiesen en marcha el bloqueo de dicho golpe [1]. Víctor González que tiene un pasado de lo mas oscuro, se dice que ha llegado a estar huido de la justicia de su propio país aprovechando su condición diplomática Guineana, cuenta con una empresa paralela en España que tiene los permisos y parabienes del ministerio de defensa para la venta y comercialización de armamento en España. La pregunta ahora es, ¿Es conocedor el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero de las actividades que sus compatriotas desempeñan ahora mismo en Libia? España que tiene incluido en su código penal un artículo contra los mercenarios, debería ser mucho más seria a la hora de controlar las actividades que los mismos, en su mayoría formados dentro del seno de su propio ejército. Lo más curioso del caso es que durante décadas, el material militar español ha sido vendido sin reparo alguno al gobierno de Libia y que posiblemente esta misma empresa haya mediado en la compra-venta del mismo.
SGSI Group tiene a su mecenazgo un grupo de luchadores contra Al Qaeda en Somalia llamado Ahlu Sugnat national salvation forces. Al parecer este grupo se habría puesto en contacto con SGSI durante una operación que esta empresa protagonizó el pasado año en Somalia, contra un grupo de terroristas que habrían secuestrado un barco alemán de un armador cliente. En un intento de conseguir ayuda por parte del gobierno de Israel el responsable de este auto proclamado cuerpo de salvación somalí habría llegado a un acuerdo de colaboración, armamento y entrenamiento a cambio de información privilegiada sobre los piratas locales. Se conocen operaciones de este mismo estilo así como de protección llevadas a cabo por SGSI Group en Iraq, Afganistán y Pakistán.
Un pingüe negocio una vez mas para estas oscuras fuerzas que operan a su antojo.
Nota:
[1] http://www.elpais.com/articulo/internacional/mercenario/asegura/Aznar/apoyo/golpe/Guinea/Ecuatorial/elpporint/20050120elpepiint_15/Tes
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


Contado por sus compis




El prota: 

Gerente de la empresa Servicio Global de Seguridad e Inteligencia (www.sgsigroup.es), vive a caballo entre Tel Aviv y Gibraltar.

Su empresa está especializada en consultoría de riesgos y realiza servicios de inteligencia y seguridad en zonas de riesgo, estando especializada en África. En ese continente ha realizado servicios tanto de campo, como de formación de cuadros militares. Es también gerente de una empresa especializada en la comercialización de recursos naturales y materias primas, así como en la comercialización y mantenimiento de material militar.

Ejerce además consultor de riesgos y criminólogo e investigador para Acertain Justice, despacho de investigaciones internacionales, especializado en desapariciones. Entre otras, ha colaborado con la investigación de la francesa desaparecida Joan Magdi.

Es representante en España de la European Private Security Contractors and Association, consultor de seguridad de los gobiernos de Guinea Ecuatorial y Nigeria. Además, tiene publicadas dos tesis una sobre la interrelación entre las distintas organizaciones terroristas y otra sobre la externalización de servicios de seguridad e inteligencia por parte del ejército. En la actualidad está trabajando en la publicación de una novela autobiográfica y en un diccionario de Inteligencia y seguridad.

Es licenciado en Estudios de Inteligencia por la AMU (American Military University) de Estados Unidos, diplomado en Criminología por la A.M.U., tiene un posgrado en Estudios sobre Terrorismo por la A.M.U. e hizo el curso de Director de seguridad I.S.A. (International Security Academy), en Israel.
Sus opiniones:

lunes, 11 de abril de 2011

Bernard-Henri Lévy apela al humanitarismo para bombardear Libia


WSWS


El 24 de marzo, el escritor francés Bernard-Henri Lévy dio una entrevista por chat en el sitio web de Le Monde en la que defendía la guerra de agresión sin provocación lanzada por Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia contra Libia. En la década de 1970, Lévy fue uno de los principales “nuevos filósofos”, un grupo de jóvenes intelectuales que criticaba desde la derecha tanto al marxismo como al estalinista Partido Comunista Francés (PCF), alegando consideraciones de derechos humanos después de que el PCF vendiese la huelga general de mayo-junio de 1968. Inicialmente simpatizantes del Partido Socialista (PS), estas fuerzas rápidamente giraron a la derecha junto con el PS. Se han convertido en acaudaladas y prominentes personalidades de los medios de comunicación y algunos de ellos abandonaron el gran negocio del PS para apoyar al presidente conservador Nicolás Sarkozy en 2007.
En su entrevista rigurosamente deshonesta, Lévy utiliza su falaz argumento de “los derechos humanos” para reforzar la propaganda del gobierno francés, que afirma que su intervención en Libia se produce en el marco de una campaña limitada diseñada para proteger la vida de los partidarios del Consejo Nacional rebelde.
En este sentido, Lévy no solo está protegiendo la política criminal del gobierno francés sino que se está protegiendo a sí mismo. Él, personalmente, jugó un papel importante en el período previo al ataque occidental organizando una reunión el 10 de marzo entre el presidente francés Nicolás Sarkozy y los líderes del Consejo Nacional, el grupo de rebeldes que combaten al gobierno libio del coronel Muamar Gadafi. Poco después, Sarkozy reconoció al Consejo Nacional como el gobierno libio. París, a continuación, presionó a favor de una resolución de la ONU que permitiera el bombardeo de Libia iniciado el 19 de marzo.
La entrevista de Le Monde, titulada “BHL [Bernard Henry-Lévi]: El Consejo Nacional quiere una Libia laica”, comenzaba con una pregunta sobre por qué Lévy se interesó por el caso de Libia y organizó la reunión entre el Consejo Nacional y Sarkozy. Lévy respondió: “No es un caso. Se trata de Bengasi”. Ante la amenaza de Bengasi, Lévy insiste, “me conmovió profundamente. Hice lo que pude”.
Al preguntársele por su papel, declaró: “Simplemente, se me ocurrió, estando una noche en Bengasi, la loca idea de coger el teléfono y llamar al presidente de la República de mi país y sugerirle que recibiera a una delegación libia”. Luego negaba que hubiera tenido ninguna participación en “cuestiones políticas” diciendo: “Yo soy como tú. Sigo con preocupación el desarrollo de los acontecimientos”.
Este comentario absurdo plantea muchas más preguntas que respuestas. Está meridianamente claro que Lévy no es, como él sostiene, un ciudadano de a pie interesado ​​por el desarrollo de la crisis libia. Uno se siente obligado a preguntarse cómo entró Lévy en Bengasi, en medio de una guerra civil y con línea telefónica directa con Sarkozy.
La posición adoptada por Lévy —que su apoyo al ataque francés a Libia y al Consejo Nacional está basado en una preocupación desinteresada por salvar vidas humanas— es un fraude. De hecho, Levy no se opone a que haya muertes, como deja claro. Preguntado sobre si apoyaba las operaciones limitadas para aplicar una zona de exclusión aérea en Libia, respondió: “Debemos ir más allá de la ‘zona de exclusión aérea’. Lo que significa que hay que ir a ataques dirigidos contra el armamento pesado de Gadafi. Es lamentable. Es horrible incluso la idea de un ataque dirigido. Pero si realmente queremos proteger a los civiles de Misrata, Sirte y Bengasi, no hay otra solución”.
Más adelante, Lévi pretendía adoptar una posición humanitaria alegando que “en lo que a mí respecta, siento que soy absolutamente pacifista. Es en nombre de la idea que tengo de la paz por lo que creo que debemos acabar con la guerra provocada por Gadafi contra su propio pueblo”.
Esto no es más que un fraude deshonesto. La “idea de paz” de Lévi consiste en ataques masivos y mortales contra soldados y civiles libios mediante la campaña aérea que las potencias occidentales han lanzado contra las unidades del ejército libio y contra Trípoli. Lévy considera, no obstante, que estas muertes son políticamente preferibles a las muertes que puedan producirse en Bengasi si las fuerzas de Gadafi volvían a hacerse con la ciudad.
Lévy no explica en ningún momento las razones subyacentes en su cálculo. En cambio, avanzaba la absurda pretensión de que respalda al Consejo Nacional porque es más democrático que Gadafi. Así, afirmaba: “Hay una cosa importante ya: [los miembros de las fuerzas del Consejo Nacional] son musulmanes laicos. La Libia que imaginan será una Libia en la que la religión será una cuestión de conciencia. El gobierno que sustituirá a la actual dictadura será el producto de elecciones libres y probablemente transparentes”.
Al igual que los otros pro-imperialistas y propagandistas del Consejo Nacional, Lévy guarda un absoluto silencio sobre quién compone el Consejo Nacional, afirmando rotundamente que “probablemente liderarán un régimen democrático. De hecho, no hay ninguna razón para creer que ello vaya a ser así, ni siquiera es probable. En efecto, ya se ha informado ampliamente acerca de que el Consejo Nacional es una precaria coalición de varios ex funcionarios del régimen de Gadafi, de grupos islamistas, líderes tribales y activistas por los derechos humanos de clase media que mantienen, a través de gente como Lévy, un estrecho contacto con gobiernos occidentales de derechas.
Así, un periodista preguntaba a Lévy: “La cuestión del componente ‘tribal’ [del Consejo Nacional] o la rivalidad histórica entre el este y el oeste de Libia rara vez se menciona. Tras su visita a las fuerzas revolucionarias, ¿no incluyó esto en su análisis?” Lévy respondió: “No, tal vez porque no tuve tiempo de analizar la cuestión. Pero también porque los propios representantes del Consejo Nacional afirman y repiten que este ‘componente tribal’ desempeña un papel ínfimo en su análisis de la situación”.
Lo que Lévi quiere es que sus lectores se crean que viajó a Bengasi sin saber con quién se iba a reunir y que aún no ha tenido tiempo de “estudiar la cuestión”. Lo cual no es más creíble que las otras afirmaciones de Lévy. Sin embargo, algunas citas de Le Monde —un periódico que Lévy conoce bien, ya que forma parte de su comité de supervisión— ayudarán a aclarar la cuestión del Consejo Nacional.
Luis Martínez, del Centro Internacional de Investigaciones y Estudios (CERI) de Sciences-Po, en París, declaraba en Le Monde: “Hay tres grupos en la oposición: los islamistas, los defensores de los derechos humanos y los más numerosos, la juventud”. Aunque Martínez no lo mencionó, es bien sabido que la máxima dirección del Consejo Nacional está integrada por tránsfugas recientes del régimen de Gadafi. Incluyen al ex ministro de Justicia, Mustafa Abdul Jalil y el general Abdel Fattah Yunis al Obaidi, comandante de la unidad Rayo de las Fuerzas Especiales libias.
Las fuerzas islamistas que participan en el Consejo Nacional incluyen al partido Umma y al Grupo Islámico Combatiente, según Hasni Abidi, un investigador de Suiza. Estas fuerzas apoyan explícitamente un Estado teocrático.
Francçois Dumasy, del Instituto de Estudios Políticos de Aix-en-Provence, ha explicado que hay jóvenes seguidores del Consejo Nacional “preocupados por la liberalización de la economía y el aumento del desempleo en los últimos años”. Sin embargo, no existe una “visión común” entre los diversos componentes del Consejo Nacional; como decía Dumasy, “hay que comprender que durante los 42 años de gobierno de Gadafi, la expresión política se ha reducido a mínimos”.
En efecto, Le Monde sugiere que el Consejo Nacional goza de poco apoyo popular. Rémy Ourdan, corresponsal de Le Monde en Bengasi, señala que “no se percibe en la población un gran entusiasmo por el Consejo Nacional”. Le Monde añade: “La dificultad de identificar claramente a sus miembros y el hecho de que su presidente y portavoz hayan ocupado cargos en el régimen de Gadafi no ayuda a este ‘gobierno paralelo’”.
Las afirmaciones de Lévy al respecto de que el Consejo Nacional promoverá un régimen democrático o laico son mentiras. Se trata de una coalición inestable de la clase media y de elementos de la clase dominante que han respondido a la radicalización de las masas del norte de África aprovechando la falta de liderazgo político en la clase obrera para establecer una alianza militar con el imperialismo occidental. Dependientes del apoyo militar de las grandes potencias, negociarán a la baja la venta de las reservas petroleras de Libia y proporcionarán a Occidente una base de derechas para otras operaciones en el norte de África, en caso de que alcancen el poder.
Es sintomático de la posición clasista de Lévy que instintivamente esté del lado de esas fuerzas, a pesar del contenido reaccionario de su política.
Es preciso añadir que la clase dominante francesa tiene una larga experiencia y comprensión de la función que esas fuerzas pequeño-burguesas juegan en atar de pies y manos la unión de los trabajadores a la política imperialista. En Francia, los activistas de derechos humanos se mueven en un entorno de prósperos académicos, sindicalistas burócratas y partidos como el Nuevo Partido Anticapitalista que se moviliza para contener y desarmar cada movimiento de huelga de los trabajadores. Durante la huelga petrolera del pasado otoño, por ejemplo, insistieron en que los trabajadores tenían que someterse estrictamente a la negociación de los sindicatos sobre los recortes de pensiones con Sarkozy, y responder a la disolución de la huelga por parte de la policía únicamente con protestas “simbólicas”.
Cuando ha estallado la lucha en Libia estas fuerzas han apoyado la guerra. Es significativo que los argumentos presentados por el Nuevo Partido Anticapitalista para justificar su apoyo a la guerra sean esencialmente los mismos de Lévy. (Véase: “Una herramienta del imperialismo: el Nuevo partido Anticapitalista francés apoya la guerra contra Libia”).
Lévy es muy consciente de los intereses imperialistas que subyacen en la campaña de Francia en Libia. Esa es la inevitable conclusión que se extrae de su absurda respuesta a la pregunta de si “la intervención militar en Libia está motivada exclusivamente para proteger al pueblo libio y los derechos humanos”. Lévy esquiva la pregunta diciendo simplemente: “Eso es lo que parece, sí, ¿por qué otra cosa podría ser?”
Esta respuesta tremendamente ingenua y rotundamente increíble sitúa el juego de Lévy a distancia. Él sabe que las grandes potencias están compitiendo por 46.4 mil millones de barriles de petróleo de las reservas probadas de Libia y por su estratégica ubicación en el cruce del norte de África, una región sacudida por la oleada de luchas obreras revolucionarias. Lejos de ser un inocente ignorante de cómo funciona el juego de la influencia del Estado, Lévy es un experimentado e influyente mercachifle cuya respuesta está pensada simplemente para ocultar la apropiación del petróleo y los intereses imperialistas más amplios que él respalda mediante su apoyo al Consejo Nacional.
El hijo de André Lévy, un influyente comerciante de maderas exóticas africanas que dirigió la empresa Bécob, Bernard-Henri Lévy ha explotado en varias ocasiones sus vínculos políticos para ayudar a la empresa en crisis de su padre. La primera vez fue en 1986. Como refiere L' Express “Bernard tiró la casa por la ventana por su padre. ¿Intervino ante los consejeros presidenciales para utilizar los contactos africanos de la presidencia para que Costa de Marfil liquidara sus deudas prioritariamente con Bécob? BHL niega esta intervención. Sin embargo, admite haber tenido contacto con [el entonces ministro de Economía del partido Socialista Francés] Pierre Bérégovoy para que ayudase a su padre”. Lévy también buscó ayuda entre los conservadores del círculo de Jacques Chirac, entonces alcalde de París, y finalmente consiguió un préstamo ventajoso del Estado tras la intervención personal del presidente François Mitterrand.
La empresa Lévy también obtuvo un préstamo ventajoso de François Pinault, político gaullista y ejecutivo de una firma de lujo que hoy ocupa el puesto número 67 entre los hombres más ricos del mundo con una fortuna de 11.5 mil millones de dólares.
Dada la mala reputación de Pinault en los círculos empresariales y sus vínculos con figuras de la extrema derecha como Jean-Marie Le Chevallier o el neo-fascista Jean-Marie Le Pen, dirigente del Frente Nacional, L'Express señala:  “Ayudar a Bernard-Henri Lévy, una estrella de la izquierda intelectual y líder de una red importante en los círculos editoriales y en los medios de comunicación, tal vez no era un movimiento estúpido... La teoría de un gesto de Pinault para ganarse a BHL se ajusta bien, en todo caso, a los acontecimientos posteriores: el cambio del grupo [Pinault] hacia la industria cultural y el nacimiento de una ‘gran amistad’ con Bernard”.
Diez años más tarde, según L'Express, Pinault compró Bécob por 800 millones de francos, o aproximadamente 130 millones de dólares. “La fortuna de BHL es, pues, importante y suma entre 150 y 180 millones de euros. Esto ha desempeñado un papel clave en su historia”.
Esto no es solo una descripción acertada de Lévy sino de todo el edificio político de los que se dedican actualmente a la fraseología de las cuestiones humanitarias en Francia. Habiendo comenzado como la ideología de varios estudiantes descontentos y de los hijos de la burguesía en el período posterior a 1968, se desarrolló muy rápidamente a medida que esas fuerzas se hicieron ricas o, en el caso de Lévy, inmensamente ricas. Hoy en día sirven abiertamente como la hoja de parra verbal de los intereses estratégicos del imperialismo francés.
Fuente: http://www.uruknet.de/?s1=1&p=76251&s2=28







El éxito de revoluciones que no triunfan

El error de cálculo libio


Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

1. Particiones. La OTAN calcula mal y dispara tres veces contra los rebeldes de Bengasi. Los comandantes de la OTAN culpan a una línea de fuego confusa. Es difícil distinguir, dicen, entre rebeldes libios y soldados libios. Libia está efectivamente dividida entre oeste y este.
Gadafi sigue al mando del oeste. Su hijo, Saif-al-Islam dijo a la BBC que su familia no tiene interés en irse a Arabia Saudí, Zimbabue o Venezuela. Saif y su hermano Saadi han presentado una oferta de que su padre podría considerar la renuncia a una posición que afirma que no ocupa, mientras sus hijos puedan permanecer con algún tipo de autoridad. (Gadafi padre realizó la notable proeza de centralizar el poder en nombre de la descentralización). Al parecer el ex congresista de EE.UU. Curt Weldon dijo a Gadafi que le podría nombrar presidente honorario de la Unión Africana y se podría permitir que sus hijos fueran candidatos en una futura elección libia. Los rebeldes de Bengasi están horrorizados. No es lo que esperaban.
El propósito de la intervención humanitaria era más grandioso. Imaginad si Richard Holbrooke hubiera ido donde Milosevic y permitido que Mirjana Markovic (la esposa de Slobodan) se presentara a las elecciones (resulta que Mirjana ahora es líder de la Izquierda Yugoslava, que se presenta a las elecciones serbias). Gadafi utilizó dinero del petróleo libio para financiar a la Unión Africana (ese dinero pagado para la construcción de casas para los dirigentes africanos que asistieron a la cumbre de Lusaka de 2001). Podrían tolerarlo en su capacidad honoraria, aunque sería un desastre para cualquier potencial que siga subsistiendo en la Unión Africana.
Dentro de la familia Gadafi las tensiones hierven. Mutassim, Hannibal y Khamis prefieren las armas, y sus historias cargadas de testosterona no calzan con el tono más conciliador de Saif y Saadi (la conciliación de Saif es hacia Europa y EE.UU., no hacia su propio pueblo, como demostró en su discurso del 20 de febrero).
El lento avance de la rebelión es causa de discordia en la dirigencia rebelde. Los tres principales comandantes militares rebeldes no se llevan bien: Khalifa Hefter, quien abandonó Vienna, Virginia, para ir a Bengasi, no está de acuerdo con el ex ministro del interior, el general Abdul Fattah Younis, ni con Omar el-Hariri. Dos de los dirigentes políticos rebeldes, Mahmoud Jibril (quien trabajó estrechamente con Said-al-Islam en la privatización de Libia) y Ali Essawi (ex embajador en India) permanecen en Europa, buscando apoyo para su Consejo. Pero los desacuerdos se generalizan, y la estrategia inicial para la negociación en Trípoli no le gusta a nadie. Jibril y Hefter tenían grandiosos objetivos, pero no tan grandiosos como los de la comunidad de los derechos humanos.
La rebelión estalló el 15 de febrero, cuando el gobierno libio arrestó al abogado de 39 años Fateh Terbil. Terbil fue liberado, pero no está en la primera línea de los responsables de las decisiones. La gente como Terbil está marginada. Lo más cercano un representante de esa línea es Ahmed Sadik El Gehani, ex consultor legal del gobierno de Gadafi, que ahora está ocupado redactando una Constitución para la nueva Libia. Las negociaciones con el régimen de Gadafi, y su familia, tampoco les gustan. Pero ante el punto muerto militar la alternativa razonable es iniciar negociaciones con Trípoli para un acuerdo a través de mediadores o declarar la formación de Libia Oriental, un nuevo país. En ese caso, Egipto tendría que reconocerlo inmediatamente. Lo mismo vale para Turquía. Son la clave.
Las tierras petrolíferas se encuentran en la frontera entre las dos partes del país, cerca de las arenas movedizas de la línea de fuego, entre Ras Lanuf y Brega. Si hay una partición o un acuerdo a través de intermediarios, será necesario llegar a un entendimiento sobre la estabilidad de oleoductos y gasoductos y sobre la repartición de los beneficios entre este y oeste. Son temas problemáticos, y no se ven en el horizonte de ninguno de los lados del país.
2. Democracia.
Hace algunos años, un amigo mío estaba sentado con E. P. Thompson, el historiador marxista. Mi amigo, Dilip Simeon (que tiene una hermosa nueva novela llamada Revolution Highway), lamentaba los límites de la “democracia burguesa”. Edward Thompson, según Dilip, le pidió que dejara de usar la palabra “burguesa” después de “democracia”. Le causaba dolor de cabeza a Edward Thompson. La frase ofendía a la democracia.
Es difícil predecir el impacto de eventos revolucionarios.
La contrarrevolución aplastó las revueltas de 1848, pero no pudo romper su espíritu ni su dinámica. La cultura del feudalismo pereció como secuela, rota por el ascenso de nuevas identidades sociales. “Nuestra época, la época de la democracia, se abre”, escribió Federico Engels en febrero de 1848. Un trabajador, pistola en mano, entró a la Cámara de Diputados francesa y dijo: “No más diputados, somos los amos”. La contrarrevolución fue feroz. “La burguesía, plenamente consciente de lo que está haciendo, libra una guerra de exterminio contra ellos”, señaló Marx. A pesar de todo, 1848 abrió un nuevo horizonte social, contra esclavitud y sometimiento, y un punto medio de lucha entre la promesa de una revolución anterior (1789) y la posibilidad de una ulterior (la Comuna de París de 1871). Europa no pudo volver a su época del látigo y las pelucas empolvadas. Ese tiempo había terminado.
Otras tantas revoluciones han tenido un impacto similar, rompiendo la marcha de formas más antiguas de claustrofobia social, sin inaugurar de inmediato nuevas formas de libertad social. Las de 1905 y 1917 de Rusia fortalecieron la voluntad de movimientos anticoloniales. Gandhi, entonces abogado en Sudáfrica, escribió sobre la Revolución Rusa de 1905: “La agitación actual en Rusia contiene una gran lección para nosotros. Los trabajadores rusos y todos los demás sirvientes declararon una huelga general y detuvieron todo trabajo”, y “está fuera de las posibilidades, incluso del Zar de Rusia, obligar a los huelguistas a volver con las puntas de las bayonetas. Porque incluso los poderosos no pueden gobernar sin la cooperación de los gobernados.” Si los obreros y campesinos rusos podían declararse en huelga contra sus autócratas, así podían hacerlo los indios e indonesios, los sudafricanos y los persas. La idea de no cooperación de Gandhi llegó a través de San Petersburgo.
El proyecto de los movimientos de liberación nacional del Tercer Mundo emergió con la cabeza en alto en los años veinte y luego desapareció derrotado de la escena de la historia en los años ochenta. Y sin embargo, también en este caso, se destruyó un legado de arbitrariedad colonial cuando los países comprometidos con el proyecto trataron de corregir problemas que pensaban que sólo ellos podían enfrentar (siguiendo estas líneas, Fanon escribió en 1961: “El Tercer Mundo actual se enfrenta a Europa como una masa colosal cuyo proyecto debe ser el intento de resolver los problemas para los cuales Europa no ha sido capaz de encontrar las respuestas”). Las tasas de desigualdad en el Sur Global contradicen cualquier éxito de este proyecto, y sin embargo es un formidable ejemplo de la era del Tercer Mundo que ofrece sustento a tantas luchas que germinan en el Sur.
Más cerca de nuestro tiempo, los levantamientos globales de 1968 de Tokio a Ciudad de México, de París a Karachi, puediera parecer que no tuvieron mucho impacto. Los sueños revolucionarios de trabajadores y estudiantes quedaron desbaratados al borde del camino mientras los jóvenes entregaban sus consignas y su inconformismo atraídos por su prosperidad personal. Y sin embargo, el impacto social y político de 1968 es formidable, y el nuevo horizonte establecido en las relaciones de género y de raza no es el menos importante. Muchos de la generación del 68 podrán haber emigrado al mundo de las corporaciones, y ése fue el gran límite de esa revuelta, pero a pesar de todo no han podido dar marcha atrás en los nuevos compromisos de igualdad social.
Túnez y Egipto planean elecciones en este año. Hay un cambio social importante en el mundo árabe. De las numerosas lecciones que tenemos que sacar del experimento de la URSS y de los intentos de los Estados de liberación nacional es que juzgaron mal la importancia de las ansias democráticas y de las instituciones democráticas. Gadafi ciertamente suministró pagos de transferencia de la riqueza del petróleo a la población libia, de modo que la gente en el país goza de altos indicadores de desarrollo humano (durante los últimos diez años, sin embargo, esos pagos han disminuido). Pero semejantes pagos no representan un sustituto de la dignidad social y política, como descubren los emires del Golfo en sus poblaciones inquietas. Las elecciones no son una panacea, pero establecen un nuevo fundamento. Las demandas aumentarán. Nuevas formas de participación popular, nuevos espacios públicos, nuevos sueños democráticos que exceden de lejos las limitaciones rancias del neoliberalismo.
El resultado en Libia no está claro. El general del AFRICOM, Carter Ham, dice ahora que incluso a pesar de que las tropas terrestres de EE.UU. no serían una situación ideal en Libia, podrían ser la única manera de ayudar a los rebeldes. Un conflicto militar prolongado de este tipo beneficiaría a la contrarrevolución, ya que debilitaría la mano de los que buscan un camino político hacia adelante, basado en los nuevos horizontes sociales creados por los levantamientos. Ante el impasse, los que solo conocen la guerra quieren más guerra. Otros buscan un alto el fuego, negociaciones y un camino basándose en lo que se ha logrado, que es considerable.
Los países árabes no volverán a ser los mismos.
Vijay Prashad es catedrático de Historia del sur de Asia y director de Estudios Internacionales del Trinity College de Hartford, EE.UU. Su libro más reciente, titulado The Darker Nations: A People’s History of the Third World, ganó el premio Muzafar Ahmad de 2009. Las ediciones sueca y francesa acaban de aparecer. Para contactos: vijay.prashad@trincoll.edu
Fuente: http://www.counterpunch.org/prashad04082011.html
Extraído de Rebelion

Libia y el mundo del petróleo

Libia y el mundo del petróleo

Infografía de Ria Novosti
Infografía de Ria Novosti
El mes pasado, en el tribunal internacional sobre crímenes durante la guerra civil en Sierra Leona, el juicio del ex presidente liberiano Charles Taylor llegó a su fin. El fiscal general, el profesor de derecho estadunidense David Crane, informó a The Times de Londres que el caso estaba incompleto: los fiscales pretendían encausar a Muammar Kadafi, quien, dijo Crane, era finalmente el responsable por la mutilación y/o asesinato de 1.2 millones de personas.
Pero el encausamiento no se daría. Estados Unidos, el Reino Unido y otros países intervinieron para bloquearlo. Al preguntarle por qué, Crane dijo: Bienvenido al mundo del petróleo.
Otra víctima reciente de Kadafi fue sir Howard Davies, el director de la Escuela de Economía de Londres, quien renunció después de revelaciones de los lazos de la escuela con el dictador libio.
En Cambridge, Massachusetts, el Monitor Group, una firma de consultoría fundada por profesores de Harvard, fue bien pagado por servicios tales como un libro para llevar las palabras inmortales de Kadafi al público en conversación con famosos expertos internacionales, junto con otros esfuerzos para mejorar la apreciación internacional de Libia (la de Kadafi).
El mundo del petróleo rara vez está lejos en el telón de fondo en asuntos que conciernen a esta región.
Por ejemplo, cuando las dimensiones de la derrota estadunidense en Iraq ya no podía ocultarse, la retórica bonita fue desplazada por el anuncio honesto de objetivos políticos. En noviembre de 2007 la Casa Blanca emitió una declaración de principios que insistía en que Irak debe conceder acceso y privilegio indefinidos a los invasores estadunidense.
Dos meses después, el presidente George W. Bush informó al Congreso que rechazaría la legislación que limitara el emplazamiento permanente de las fuerzas armadas estadunidense en Irak o el control de Estados Unidos de los recursos petroleros de Irak; demandas que Estados Unidos tendría que abandonar poco después ante la resistencia iraquí.
El mundo del petróleo ofrece una guía útil para las reacciones occidentales ante los notables levantamientos pro democráticos en el mundo árabe. Al dictador rico en petróleo que es un cliente confiable se le da virtual rienda suelta. Hubo poca reacción cuando Arabia Saudita declaró el 5 de marzo: Las leyes y las regulaciones en el reino prohíben totalmente todo tipo de manifestaciones, marchas y plantones así como la convocatoria a los mismos ya que van contra los principios de la Shariah y las costumbres y tradiciones sauditas. El reino movilizó a enormes fuerzas de seguridad que rigurosamente aplicaron la prohibición.
En Kuwait, pequeñas manifestaciones fueron sofocadas. El puño de hierro golpeó en Bahrein después de que fuerzas militares encabezadas por Arabia Saudita intervinieron para garantizar que la monarquía sunita minoritaria no se viera amenazada por llamados a reformas democráticas.
Bahrein es sensible no sólo porque alberga a la Quinta Flota de Estados Unidos sino también porque colinda con áreas chiítas de Arabia Saudita, ubicación de la mayor parte del petróleo del reino. Resulta que los recursos energéticos primarios del mundo se localizan cerca del norte del golfo Pérsico (o golfo Arábigo, como a menudo le llaman los árabes), en gran medida chiíta, una potencial pesadilla para los planificadores occidentales.
En Egipto y Túnez, el levantamiento popular ha conseguido victorias impresionantes, pero, como informó la Fundación Carnegie, los regímenes permanecen y al parecer están decididos a frenar el ímpetu pro democrático generado hasta ahora. Un cambio en las elites gobernantes y el sistema de gobierno sigue siendo un objetivo distante; y uno que Occidente buscará mantener así.
Libia es un caso diferente, un Estado rico en petróleo dirigido por un dictador brutal que, no obstante, es poco confiable: Un cliente digno de confianza sería preferible por mucho. Cuando estallaron protestas no violentas, Muammar Kadafi actuó rápidamente para aplastarlas.
El 22 de marzo, mientras las fuerzas de Kadafi convergían en la capital rebelde de Bengasi, el principal asesor sobre Medio Oriente del presidente Barack Obama, Dennis Ross, advirtió que si había una masacre, todos nos culparían a nosotros por ello, una consecuencia inaceptable.
Y Occidente ciertamente no quería que el coronel Kadafi aumentara su poder e independencia sofocando la rebelión. Estados Unidos se unió a la autorización del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas de una zona de exclusión aérea, que sería puesta en práctica por Francia, el Reino Unido y Estados Unidos.
La intervención evitó una probable masacre pero fue interpretada por la coalición como la autorización para el apoyo directo a los rebeldes. Se impuso un cese el fuego a las fuerzas de Kadafi, pero se ayudó a los rebeldes a avanzar hacia el oeste. En poco tiempo conquistaron las principales fuentes de la producción petrolera de Libia, al menos temporalmente.
El 28 de marzo, el periódico en árabe con sede en Londres Al-Quds Al-Arabi advirtió que la intervención dejaría a Libia con dos estados, un este rico en petróleo y en manos de los rebeldes y un oeste encabezado por Kadafi y sumido en la pobreza… Dado que los pozos petroleros han sido asegurados, podríamos encontrarnos enfrentando a un nuevo emirato petrolero libio, escasamente habitado, protegido por Occidente y muy similar a los estados emiratos del golfo. O la rebelión respaldada por Occidente podría seguir adelante hasta eliminar al irritante dictador.
Se arguye comúnmente que el petróleo no puede ser un motivo para la intervención porque Occidente tiene acceso al mismo bajo el régimen de Kadafi. Cierto pero irrelevante. Lo mismo pudiera decirse sobre Irak bajo el régimen de Saddam Hussein, o Irán y Cuba actualmente.
Lo que Occidente busca es lo que Bush anunció: el control, o al menos clientes dignos de confianza y, en el caso de Libia, el acceso a enormes áreas inexploradas que se espera sean ricas en petróleo. Documentos internos británicos y estadunidense insisten en que el virus del nacionalismo es el mayor temor, ya que podría engendrar desobediencia.
La intervención está siendo realizada por las tres potencias imperiales tradicionales (aunque podríamos recordar -los libios presumiblemente lo hacen- que, después de la Primera Guerra Mundial, Italia llevó a cabo un genocidio en el este de Libia).
Las potencias occidentales están actuando en virtual aislamiento. Los estados en la región -Turquía y Egipto- no quieren participar, tampoco África. Los dictadores del golfo se sentirían felices de ver partir a Kadafi; pero, aun atiborrados de las armas avanzadas que se les ofrecen para reciclar los petrodólares y asegurar la obediencia, apenas ofrecen más que una participación simbólica. Lo mismo aplica en otros lugares: India, Brasil e incluso Alemania.
La primavera árabe tiene raíces profundas. La región ha estado en fermentación durante muchos años. La primera de la ola actual de protestas empezó el año pasado en el Sahara Occidental, la última colonia africana, invadida por Marruecos en 1975 y retenida ilegalmente desde entonces, de manera similar a Timor Oriental y los territorios ocupados por Israel.
Una protesta no violenta en noviembre pasado fue sofocada por fuerzas marroquíes. Francia intervino para bloquear una investigación del Consejo de Seguridad sobre los crímenes de su cliente.
Luego se encendió una llama en Túnez, que desde entonces se ha extendido para volverse una conflagración.
(Tomado de La Jornada, México)

X13 18h Bicicletada contra la guerra

Este miércoles a las 19h tenemos concentración contra la guerra frente al ayuntamiento. ¿como vas a ir? Si vienes en bici puedes hacerlo a las 18h en Getafe Centro para darnos antes unas vueltas por Getafe. ¿se te ocurre una manera mejor de manifestar tu rechazo a una guerra por petroleo que desplazarte en bici? Bicicletada contra la guerra

domingo, 10 de abril de 2011

Rechazamos la visita de Juan Manuel Santos a España

Rechazamos la visita de Juan Manuel Santos a España

¿Por qué la invasión de LIbia?

Cuestionando la tesis humanista
¿Por qué la invasión de LIbia?

Sistema


Una vez más estamos frente a la enorme movilización de los mayores medios de información españoles para proveer el sustento ideológico y mediático a la intervención de la OTAN en Libia. No tengo ninguna simpatía por el dictador Gaddafi como queda claro en mi artículo “Gaddafi, neoliberalismo, el FMI y los gobiernos supuestamente defensores de los derechos humanos”. El Plural, 28.02.11, pero me ofende la enorme manipulación que está ocurriendo en los mayores medios de información de España, los cuales están actuando más como instrumentos de persuasión (promoviendo la imagen de que tal intervención es consecuencia del objetivo humanitario que caracteriza a los gobiernos de la OTAN, que supuestamente han enviado sus fuerzas militares a Libia para defender a la población civil frente al dictador), que como instrumentos de exposición, análisis y descripción objetiva de la realidad. La manipulación ha sido casi completa con la práctica exclusión de puntos de vista contrarios a lo que se promueve por tales medios. En este artículo cuestiono el argumento que ha dado la coalición liderada por la OTAN de que su intervención responde a “causas humanitarias”.
Veamos los datos. La intervención militar de la coalición, protagonizada primordialmente por los gobiernos de EE.UU., Francia y Gran Bretaña con la colaboración de Qatar y los Emiratos Árabes Unidos, no es una “intervención humanitaria” encaminada a proteger la vida de la población civil. Moisés Naím (“¿Qué tiene que ver Auschwitz con Bengasi?”. 07/04/11) y Josep Ramoneda (“El canto del cisne”. 07/04/11) presentan en El País este tipo de justificación, insultando a los que expresan su desacuerdo con su visión idealizada de la motivación de tales gobiernos, acusándoles a los críticos de cínicos (Moisés Naím) o, ¡horror de los horrores!, “anticuados” (Josep Ramoneda) por hablar todavía hoy de categorías tan irrelevantes –según él- en el lenguaje moderno como imperialismo.
Veamos en primer lugar los datos que por lo visto tales autores parecen desconocer. La resolución de las Naciones Unidas que se utiliza para justificar la intervención militar indica claramente que el objetivo de cualquier intervención debe ser única y exclusivamente proteger a la población civil. No habla de ayudar a los rebeldes y todavía menos de derrotar a Gadaffi, que es lo que la mayoría de los miembros de la coalición desean y están haciendo, distinción que ha sido señalada por muchos gobiernos del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. El Presidente Obama lo ha dicho claramente. Su deseo es que Gadaffi deje de gobernar Libia. Y Sarkozy (bajo el asesoramiento de Bernard Henri Lévy) ha reconocido ya incluso a un grupo de representantes de los rebeldes como el auténtico gobierno de Libia. Está claro que se está utilizando la supuesta ayuda a la población civil para conseguir sus objetivos político-militares. Su intervención en una guerra civil está encaminada, no a proteger a la población civil, sino a apoyar a un lado (que se define como los rebeldes) en contra de la dictadura. No es pues el objetivo de las fuerzas armadas el proteger a la población civil (hay también población civil en el lado Gadaffi), ni tampoco (y ahí es el punto clave que justifican los intervencionistas) es establecer la democracia en Libia. Ninguno de los países que aportan armas tienen credibilidad presentándose como defensores de la democracia. Tanto el gobierno francés, inglés, italiano, español y estadounidense han estado armando el gobierno Gaddafi y han colaborado con los servicios de seguridad (la policía represiva del gobierno Gadaffi), plenamente conscientes de la naturaleza dictatorial y represiva de aquel régimen.
Es más, el gobierno estadounidense continúa siendo el mayor apoyo a las dictaduras árabes –Bahrein y Arabia Saudí- que están en este mismo momento reprimiendo brutalmente un alzamiento popular en sus propios países. Como bien señalaba el The New York Times, era difícil para la Secretaria de Estado Hilary Clinton intentar frenar a aquellos gobiernos en su represión y a la vez pedirles ayuda para que frenaran la represión en Libia. Los regímenes de Bahrein y Arabia Saudí odian a Gadaffi por éste haberles denunciado por su comportamiento en el conflicto Israel-Palestina, y por la denuncia a la Liga Árabe por su pasividad frente al comportamiento bélico del Estado de Israel en contra del pueblo palestino. Gadaffi ha denunciado a la Liga Árabe por representar a las élites dominantes de los países árabes (lo cual es cierto) y haber traicionado el proyecto panárabe del general Nasser de Egipto. Los gobiernos de Bahrein, Qatar, y Arabia Saudí odian a Gadaffi y celebran la posibilidad de eliminarlo del poder. Ambos han enviado (junto con Qatar) aviones de combate a la coalición. Arabia Saudí también financiará (2.000 millones de dólares al mes) la intervención militar. Con estas credenciales es difícil sostener la credibilidad de que su objetivo es humanitario y/o establecer la democracia en Libia.
Naturalmente que cada gobierno tiene su propio objetivo y lo que la coalición intenta es realizar una misión común que todos desean, que es la eliminación de Gadaffi, del cual habían sido aliados y proveedores de armas, incluyendo las armas de represión (los equipamientos policiales proceden de la Gran Bretaña y de Francia) hasta hace unos meses.
GADAFFI ERA UN DICTADOR QUE ESTABA DE MODA HACE UN AÑO
Es interesante resaltar que sólo hace un año, el dictador Gadaffi estaba de moda. El Fondo Monetario Internacional elogió las políticas neoliberales llevadas a cabo por el gobierno Gadaffi. El informe del FMI sobre Libia hablaba exitosamente de “su ambicioso programa de reformas” y de su “fuerte rendimiento macroeconómico y el progreso en el realce del papel del sector privado” (como he escrito en otra parte, tales reformas crearon un descontento general. Ver mi artículo “Gaddafi, neoliberalismo, el FMI y los gobiernos supuestamente defensores de los derechos humanos”, El Plural, 28.02.11). En realidad Anthony Giddens, el intelectual con mayor influencia de la Tercera Vía (la sensibilidad socioliberal responsable del descalabro de la socialdemocracia en Europa, ver mi artículo sobre la Tercera Vía, “La crisis de la socialdemocracia en Europa”, Sistema Digital, 18.06.10), habló de la Libia de Gadaffi como un país que en un futuro no lejano (antes de dos o tres décadas) sería “la Noruega del Norte de África: próspera, igualitaria y progresista”. Y, las Naciones Unidas, presentaron a Libia como el país africano con mejores indicadores en su Human Development Report. Y en los últimos años vimos toda una lista de dirigentes políticos –José María Aznar, Rodríguez Zapatero, el Rey Juan Carlos, Tony Blair, Sarkozy, Berlusconi y muchos otros- que se presentaron como sus amigos. Es comprensible que el dictador Gadaffi se sorprendiera de que Occidente hubiera cambiado sólo en cuestión de meses su postura de halago a abierta hostilidad.
Un indicador de tal hostilidad es Estados Unidos, donde sectores del Partido Republicano hablan explícitamente de establecer “un protectorado de la OTAN” en Libia. Paul Wolfowitz, que fue subsecretario de defensa de los EEUU y más tarde, Presidente del Banco Mundial, y uno de los arquitectos de la Guerra del Irak, publicó una carta abierta al Presidente Obama, incitándole a convertir Libia en un “protectorado bajo el control de la OTAN en nombre de la comunidad internacional” (puede que Josep Ramoneda haya olvidado que esto solía llamarse imperialismo). Es interesante también subrayar que fuera el gobierno de EEUU el que acabase llevando (25/2/11) al coronel Gadaffi a la Corte Penal Internacional, Corte que EEUU nunca ha reconocido y a la que se opuso a que se estableciera.
¿POR QUÉ EL DICTADOR GADAFFI ES AHORA MALO Y ANTES ERA BUENO?
Es obvio que todo ello no hubiese ocurrido si no hubieran habido movilizaciones antidictadores en todo el Medio Oriente. La región más sensible y tensa, el Medio Oriente, es en un volcán resultado de estar gobernados por dictaduras. Y los países de la coalición que intervienen en Libia han sido los que han dado mayor apoyo a tales dictaduras. De ahí la urgencia en hacer algo, donde se pueda hacer algo. Y Libia es el lugar. Sólo 6.5 millones y un ejército muy débil. Y ahí la coalición va a presentarse como los que ayudan a “los demócratas”, asegurándose que la Transición al nuevo régimen la dirige la OTAN.
Pero, ¿quiénes son los “rebeldes”? Un componente importante son los partidarios de la Monarquía, y de los herederos del Rey Idris, que Gadaffi desalojó del poder. Las banderas monárquicas han sustituido a las banderas verdes de Gadaffi. De lo que no se informa es que el monarca era un juguete en manos de EEUU. Durante su reinado, EEUU tenía la mayor base militar en África: la Wheelus Air Base. Gadaffi cerró la base, pasando a engrosar la lista de los enemigos del Pentágono. Los leales monárquicos quieren establecer un sistema monárquico feudal sumiso a EEUU y a Europa.
Otro grupo es el Frente Nacional para la Salvación de Libia (NFSL por sus siglas en inglés) que se creó en Sudán en 1981 por el coronel Nimiery, un déspota, apoyado por EEUU que gobernó Sudán desde 1969 a 1985. Tiene lazos estrechos con el gobierno de EEUU y su Secretario General, Ibrahim Vahad, es uno de los dirigentes del consejo directorio de los rebeldes.
Otro grupo es el radicalismo islámico próximo a Al Qaeda. Una prueba de ello está en la sección de Wikileaks que habla de “Extremismo en Libia este”. Según el propio Departamento de Estado de EEUU “existe un orgullo a nivel popular en muchas partes del Este del Líbia, particularmente alrededor de Darnah, de tener muchos jóvenes que han participado en las campañas de la Yihad en Irak y que sus imanes radicales han propagado los méritos de tal campaña”. Esta región es donde los rebeldes tienen mayor fuerza.
Otra prueba de la orientación de este grupo son los papeles requisados a dirigentes de Al Qaeda, por el Ejército de EEUU en 2007. Tales documentos, analizados por el Centro de Combate contra el Terrorismo de la Academia Militar de EEUU en West Point, señalan el origen de los militantes de Al Qaeda, que han cometido asesinatos a través de suicidios en actos militares. El país que ha proveído más militantes (por habitante) es Libia, región Nordeste, de nuevo, donde los rebeldes son más fuertes. Tales datos han sido confirmados por Anthony Shadid de The New York Times, el cual se entrevistó con Abdul-Hakim al-Hasidi, que ha promulgado ya un emirato musulmán en aquella zona liberada de las tropas de Gadaffi. Tal dirigente declaró estar de acuerdo con la filosofía de Bin Laden. Otra confirmación de esta realidad, la provee el analista de la CIA, Brian Fairchild, que ha dejado tal Agencia. Fairchild documenta que existen elementos extremistas islámicos en Libia, incluyendo la presencia de elementos próximos a Al-Qaeda en el centro de los rebeldes.
Ni que decir tiene que existen otras muchas sensibilidades además de las citadas. No puede ponerse a todas las fuerzas que se oponen a Gadaffi en el mismo saco que a los grupos citados. Pero no puede asumirse que todos o incluso la mayoría (nadie lo sabe) desean la democracia. Como bien indicó el portavoz de exteriores del Partido Laborista en el debate en el Parlamento Británico de hace unas semanas, “no puede asumirse que no exista una influencia de Al Qaeda entre los rebeldes”. Y, la BBC añadía irónicamente que, era aconsejable no olvidar que Bin Laden también recibió en su día ayuda militar de los EEUU y Arabia Saudí. Ni que decir tiene que el Dictador quiere utilizar este argumento para frenar la intervención de la Coalición. Pero, que lo diga el Dictador no es suficiente argumento para negar que haya evidencia de que Al Qaeda está entre los rebeldes, ignorándose su grado de influencia. En sí ello no debería ser un factor determinante (excepto en el caso de que lo liderara), para dejar de apoyar a los rebeldes si estos representaran a la mayoría de la población.

¿QUÉ ES LO QUE DESEA LA COALICIÓN?
Los países que están liderando esta intervención militar tienen un grave problema de credibilidad democrática, en un momento histórico, en que el deseo democrático se ha extendido en todo el mundo árabe. Los gobiernos occidentales miembros de la coalición desean configurar la transición de las dictaduras al siguiente regimen, desarrollando un sistema político que sea favorable a los intereses económicos, financieros y políticos que tales gobiernos representan. Ejemplos de ello hay múltiples.
En 1986, el gobierno de EE.UU. que había apoyado la dictadura de Ferdinand Marcos en Filipinas, cuando éste fue derrotado por una serie de movilizaciones, el gobierno de EE.UU. cambió y apoyó a las nuevas fuerzas, intentando exitosamente que el cambio fuera muy limitado. Lo mismo ocurrió en Indonesia en 1998, con Suharto y lo mismo intentan realizar ahora en Egipto, que el gobierno de EE.UU. intenta presentar como el modelo para los otros países árabes. Los pueblos filipinos e indonesios han visto muy pocos cambios después de la caída de las dictaduras. Gregory Elich, en Counterpunch el 22/03/11, ha descrito detalladamente los preparativos que los gobiernos de coalición, liderados por EE.UU. y países de la UE están haciendo para alcanzar estos objetivos en Egipto. EE.UU. ha establecido la Corporación de Inversión Privada, en coalición con el gobierno de Egipto, con el objetivo de privatizar las empresas públicas. El Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (EBRD) ha establecido también programas de promoción de las empresas privadas y así un largo etcétera. Y, el Ministro de Defensa de EE.UU., el Sr. Robert Gates, ha alabado la transición política de Egipto, que se caracteriza por la alianza del ejército con los Hermanos Musulmanes, la organización político religiosa que se ha opuesto históricamente a los movimientos progresistas laicos de sensibilidad socialista tales como los partidos de izquierda y los sindicatos. La ley de Mubarak que prohíbe las huelgas y el derecho de sindicalización ha sido reafirmada por el gobierno de transición. Y los famosos jóvenes con Internet, ni aparecen ya en los medios.
No hay duda de que si la coalición crece y derrota al dictador Gadaffi intentará hacer lo mismo. No es un humanismo, sino un deseo de hacer prevalecer sus intereses lo que motiva su intervención. Tal comportamiento, por cierto, es lógico y predecible. Pero lo que es mejor para el gobierno de EEUU (y para los gobiernos de la UE) no es necesariamente lo mejor para las clases populares de Libia o del resto de la población árabe (y tampoco, por cierto, para las clases populares estadounidenses, la mayoría de las cuales, por cierto, están en contra de tal intervención militar). El pueblo estadounidense sabe, mejor que nadie, el coste que tales intervenciones tienen para el pueblo estadounidense. En contra de lo que todavía hoy sostienen algunos sectores de izquierdas, las clases populares de EE.UU. no se benefician de estas intervenciones. Desde hace ya muchos años el pueblo estadounidense no cree que lo mejor para las compañías petroleras sea lo mejor para EEUU. Como bien dijo un dirigente sindical, “los trabajadores aportamos los muertos en el frente, mientras que las empresas petrolíferas consiguen los beneficios”. Y recuérdese que el 72% de la población estadounidense no cree que el Congreso de EEUU represente sus intereses.
En realidad, estamos viendo una nueva realidad de enorme importancia que apenas aparece en los medios de información y que es el germen de una alianza de las clases dominadas en los países del Sur con las clases dominadas del Norte, que en su lucha para democratizar sus sociedades están encontrando elementos en común. El momento más emotivo que ocurrió en la mayor manifestación popular que haya jamás existido en Wisconsin (en contra de las propuestas antidemocráticas hechas por el establishment político y mediático de aquel estado y sus representantes, atacando al estado del bienestar de Wisconsin), fue cuando un dirigente leyó un telegrama de adhesión y apoyo de sindicalistas que viven todavía hoy en la clandestinidad en Egipto. La mayor manifestación que haya existido en la historia de Wisconsin estalló en un aplauso abrumador, acompañadas con expresiones de apoyo a los sindicalistas árabes en Egipto. Es esta alianza la que aterroriza a las élites gobernantes del mundo, que controlan EE.UU., la Unión Europea y los países árabes. Hoy, estamos viendo no sólo en los países árabes, sino en la Unión Europea y en EE.UU., que se están imponiendo a la población políticas enormemente impopulares, reduciendo significativamente los beneficios y derechos sociales y laborales, como consecuencia de la enorme influencia que grupos financieros y económicos y sectores pudientes de la población tienen sobre sus estados, políticas que el estado está imponiendo en contra del parecer y deseo de la mayoría de la población. Naturalmente que el contexto en los países árabes es muy distinto al de la UE y EE.UU. Pero un elemento en común es la demanda de democracia que está siendo violada por la enorme concentración de poder económico y financiero en aquellos países. Creerse que aquellos estados están interviniendo para desarrollar la democracia es ignorar no sólo su historia, pero la mera observación de lo que está ocurriendo en cada uno de estos países.
Extraido de aquí